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Hoy podría hablarles sobre cómo fue mi experiencia en el cementerio de trenes en Uyuni, Bolivia y escribir la columna de viajes. Sin embargo mientras selecciono las fotos para la publicación, no puedo evitar el reflexionar sobre lo que encierra este lugar y relacionarlo con lo que vivimos hoy día.
Uno de los tantos grafitis que decoran estas láminas metálicas abandonadas, hoy hace más sentido que nunca: “Así es la vida. Se necesita un mecánico con experiencia”

¿Y ahora? ¿Cómo es la vida?

Nos ha cambiado de un momento a otro, las prioridades ya no son las mismas, algunos de nuestros proyectos ya no llegarán al destino previsto y toman otro rumbo; algunos de los vagones que hemos cargado por años quedarán en el olvido o abandonados en un desierto; o tal vez ese último vagón al que no le prestábamos importancia ahora pasa a ser el primero, nos contará su historia y entonces ahora si le prestaremos atención, le quitaremos el óxido cueste lo que cueste y lo volveremos reluciente.

¿En unos años seremos un esqueleto de una locomotora más? O ¿Habremos aprendido de esta vivencia tan sacada de película, que hoy divide nuestra historia en dos?

Es momento de viajar hacia adentro, llegar hasta nuestro cementerio y sacar toda la chatarra que llevamos acumulando por años. Es momento de seguir el corazón, dejarlo sentir eso que nos veníamos negando por no demostrar que somos humanos y por creer que hablar de sentimientos es sinónimo de debilidad; de dejarlo latir a millón por una sonrisa, un beso, una mirada, un abrazo de esos que hoy tanto anhelamos; o detenerlo en el tiempo cuando no queremos que ese momento que nos roba el aliento termine: cuando estamos con la persona amada, cuando presenciamos un amanecer, un atardecer; los regalos diarios que ya se nos habían vuelto paisaje, un momento más en nuestra carrera acelerada por la vida.

   

Es momento de montarnos en una carrilera que nos lleve a cumplir nuestros sueños, de dar forma a las ruedas oxidadas y deformadas por el tiempo, de ser un imán de felicidad y no de chatarra, de olvidar los fantasmas y ver hacia adelante, de reconstruirnos, de reinventarnos y lo que considero más valioso con esta lección de vida: De reencontrarnos con nosotros mismos.

Nuestra vida necesita un mecánico con experiencia.

 

Datos de interés:
El cementerio de locomotoras está ubicado en Uyuni, Bolivia a 3.600 msnm. En la época de 1940 tras el desplome de la industria minera fueron abandonados en este lugar decenas de ferrocarriles. Hoy una atracción turística para quienes visitan la zona.