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Una vez soñé que caminaba en una caverna de paredes rojizas, al avanzar el sueño descubrí que estaba caminando en mi interior y que lo que veía era mi revés. 

¡Que locura, un sueño surrealista! Pensé al despertar de este y eso mismo pensé mientras estaba en la vía a un glámping cerca al nevado del Ruíz.

 

 

Era de noche, estaba oscuro y el movimiento de la camioneta reconfirmaba lo difícil del terreno mientras el hábil conductor nos contaba historias y manejaba con toda tranquilidad. Las luces del carro nos dejaron ver un letrero a unos cuantos metros de distancia: Aquí comienza la aventura y en ese instante empezó a sonar la canción the eye of the tiger, lo cual generó en nosotros suspenso; así que cruzamos un río, nos encontramos una roca en la carretera empinada y como si nada pasamos sobre esta, subimos la montaña y escuchamos el bosque; hasta que a lo lejos aparecieron unas pequeñas luces en hilera indicando que ya estábamos cerca. Cuando llegamos a la casa principal nuevamente pensé: Que locura, este lugar es surrealista y si este es el inicio, esto va a estar genial.

 

 Nos guiaron hasta la carpa llamada cañón y por los letreros de indicaciones supe que por una noche sería mía. Tenía un aviso donde decía Bi higuera viajera. Esos son los detalles que enamoran de un lugar. 

Estaba muy oscuro así que solo podíamos evidenciar los árboles cercanos alrededor de la carpa, pero no sabía que pasaba más allá. Tenía curiosidad de que encontraría en un glámping, era mi primera vez así que seguí con mis ojos cada detalle: La carpa rodeada de luces la hacía resaltar en la oscuridad, una plataforma de madera me hacía sentir flotando sobre la hierba, 2 cómodas sillas afuera de la carpa solo me invitaban a imaginarme allí tomando un café caliente, una red amplia para acostarse a ver las estrellas me hizo suspirar y tan solo había dado unos cuantos pasos en este lugar.

Ingresé a la carpa y que grata sorpresa encontrar tantos detalles coloridos y pensados cuidadosamente para que todo lo que necesitara lo pudiera encontrar allí: En realidad lo que más llamó mi atención fue la cama suave, llena de cojines abullonados, con almohadas que se acomodaron perfectamente a mi cuerpo, unas cobijas que no quise soltar, la chimenea con trozos de madera que chispeaban y dejaban su aroma y aquí la prueba de fuego: No tenía pijama, así que me acosté sin ropa, sobre una cama, dentro de una carpa de lujo, a 2850 msnm, cerca al nevado del Ruíz y quiero decirles que mientras me deslizaba por las sabanas las sentía tibias y al cubrirme dormí a una temperatura de calorcito perfecto que me permitió el descanso y olvidarme que en algún momento tuve frío. Esto es increíble, esto si es un glámping.

Mi alarma sonó a las 5.15 am. Me levanté y me cubrí, conecté la jarra para calentar el agua y preparar un café, mientras tanto tomé una de las mantas y la lancé sobre la red fuera de la carpa, aún estaba oscuro, miré hacia el cielo y aunque había un poco de neblina se dejaban ver las estrellas, así que me acosté allí a ver el cielo estrellado, tomar mi café caliente y a esperar el encuentro con el amanecer.

Al pasar el tiempo, al fondo una línea se empezó a hacer evidente, empezaba a aparecer la luz y está a contrastar con el borde de las montañas lejanas. ¡Cañón! Exclamé y entendí porque el nombre de la carpa.

La luz continuó haciendo su entrada triunfal y fui descubriendo el bosque, los árboles altos, los tonos de verdes, las inmensas montañas y unas cuantas nubes cambiaban de color entre fucsias y púrpuras a medida que el sol subía. Así amanece en el color de mis rêves.

El día avanzó entre caminatas en la montaña hasta alcanzar una vista hermosa de Manizales en la que el mismo paisaje nos mostraba que Manizales se escribe con M de montaña y de magia. Al regresar nos esperaba un delicioso desayuno y lo mejor al aire libre, con una vista exuberante en frente y los colibríes de diferentes especies volando a nuestro alrededor. ¿Es posible tanta belleza junta?

Continuamos con el plan de avistamiento de aves, sería mi primera vez en un plan así. Nos ubicamos en medio del bosque, en silencio y casi inmóviles. Detallé alrededor y veía como los rayos del sol de la mañana se colaban entre las hojas de los frondosos árboles y descubría las telarañas con sus brillos saltantes entre un hilo y otro como notas moviéndose entre un pentagrama.

El experto pajarero inició sus silbidos hasta que por fin después de unos minutos, a lo lejos, el silbido tuvo respuesta. ¿Es en serio? Pensé. Era la Grallarea nuchalis, una especie nativa de los bosques montañosos, húmedos, andinos. El pajarero silbaba y la respuesta se escuchaba cada vez más cerca, hasta que llegó a nosotros esta hermosa ave para conocernos en un instante que se debatía entre su curiosidad y nuestro asombro.

Como si fuera poco, en este lugar también se puede llegar caminando por un sendero hasta un rio de agua cristalina, fría y azufrada para darse un baño en un lugar que llamaron el baño de los dioses, pero que desde ese día le hice la corrección para mí del baño de las diosas y es que así me sentía en este lugar, como una diosa en el paraíso. Como una diosa en un lugar completamente surrealista e inspirador. Como en un sueño salido de la realidad.

Datos de interés:

Para reservas, selección de carpas y mayor información, visita:

www.elcolordemisreves.com