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CÓMO SALVARLE LA VIDA A UN EXTRAÑO

Si a mí me cuentan esta historia, no la creo… pero como me pasó a mí, aquí les dejo.

Conocí en uno de mis viajes a: Corazón valiente.

Venía manejando un auto rojo, por la autopista Pereira – Manizales.  Ya era el final de la tarde, así que decidí detenerme en un restaurante.  Mientras esperaba en la caja para pagar, vi que un carro al que ya había adelantado, parqueó al lado del mío.  Se bajó un hombre joven y caminó directo hasta la caja donde yo estaba.  

-Un café por favor – Dijo mientras se ubicaba justo a mi lado.

Luego se giró hacia mí y me dijo con voz muy segura:

– ¿Sabías que un estudio de la universidad de Harvard, demostró que las mujeres que manejan autos rojos son más inteligentes?-

Yo sonreí y le respondí:  – Es cierto y puedo dar fe de ello –

Entonces Corazón valiente replicó, después de esa innovadora forma de romper el hielo:  – Te invito a un café, nos acompañamos un rato y luego cada uno sigue su camino –

Aunque no suelo hacer esto …NUNCA, en ese momento y no me pregunten por qué, sentía que debía hablar con él.

Entonces acepté.

La conversación empezó por la ruta, Colombia , el café y así nos fuimos ampliando en diferentes temas que hacían la charla muy amena. Además de ser muy buen conversador y divertido; Corazón valiente tenía una hermosa sonrisa y una energía alegre que me hacía sentir en confianza; como si ya nos conociéramos de antes.

-Yo también soy viajero. Me muevo por muchos lugares del país – Me dijo.

– Me trasladaron para Barranquilla, así que fui hasta Cartago para despedirme de mi familia y ahora voy rumbo a La Dorada, para mañana seguir hasta la costa.- Continuó.

-Te espera un largo viaje- Le respondí sumándole algunas recomendaciones para el viaje,  pero mientras se las decía…

Sentía que más que recomendarle sobre la ruta, debía advertirle de no viajar.

Ya que no le conocía, simplemente le dije: – Ya es tarde para esa carretera y se ve que va a llover. Es mejor que te quedes en Manizales a dormir.- Pero no le insistí.

-Conozco un lugar en Chipre donde venden el mejor café que me he tomado. ¿Nos tomamos uno más?- Me preguntó.

Nuevamente esa corazonada. 

Lo pensé por unos segundos, pero sentía que debía ir.  De nuevo acepté.

 

Continuamos la ruta, cada uno en su carro y llegamos al lugar. Tomamos el café, hablamos unos minutos más y mi único pensamiento todo el tiempo era: – Dile que no viaje, dile que no viaje.-

En ese momento la lluvia se hizo más intensa.

-Ya es momento de seguir.- Dijo Corazón valiente.

-¿Con esta lluvia? No sé por qué, pero siento que te debo insistir que no viajes. Ya te lo he dicho varias veces, así que tu decides. En todo caso que tengas una feliz vida. – Con estas palabras me despedí y subí a mi carro.

Cuando ya iba a arrancar, Corazón valiente corrió y tocó mi ventana: – No me lo vas a creer, pero se me quedaron las llaves encerradas en el carro. 

En ese punto, ya no sabía qué pensar.  ¿Será un truco? ¿Estaré en peligro?

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Sin embargo, me seguía sintiendo segura; así que le volví a decir:

– Esta es otra señal. Algo te va a pasar. No viajes. –

Él me miró a los ojos, esta vez  no tan incrédulo y dijo: – Estoy por pensar que tienes razón. Está muy extraño todo esto- Mientras tanto la lluvia aumentaba cada vez mas.

Corazón Valiente estaba con una actitud muy tranquila. Finalmente, me dijo:

-Quiero que sepas que tienes un amigo más y que estoy muy agradecido contigo. Pertenezco a una maravillosa institución. Una que represento con orgullo y pasión, con todo mi corazón, con honor y con valentía-

-No te preocupes. Voy a llamar al personal que debe estar cerca para que me vengan a ayudar.- Mientras tanto llamaba desde su celular.

A los pocos minutos llegó una camioneta. Se bajaron varios hombres y le saludaron. Pude identificar de inmediato que Corazón valiente decía la verdad y que por el saludo de quienes llegaron, era un hombre con poder y reconocimiento.

En ese instante me sentí más tranquila. Me despedí y continué mi camino.

Al día siguiente estaba en mi oficina, cuando llamaron de la portería. Eran los amigos de Corazón valiente que tenían un detalle de agradecimiento para mí.  En ese mismo momento me llegó un mensaje al celular:,

– Gracias, mi ángel de la guarda. Con una sonrisa salvaste mi vida.–

Seguido a este mensaje, me envió la foto de un fuerte accidente donde su carro aparecía destruido.

-Decidí quedarme anoche en Manizales y salir en la madrugada. A penas salí, tuve un fuerte accidente. De haber sido en las condiciones de anoche, seguro me esperaba la muerte. Con tus advertencias y ese giro del destino, por fortuna los daños solo fueron en el carro- con esto concluyó.

 

Muchas veces no sabemos quién se cruza en nuestro camino, por qué alguien se acerca, o el porqué de esa vocecita interior que nos habla y que a veces hasta nos insiste; como en este caso.

Nuestro instinto, nuestra intuición, nuestros ángeles o cómo quieras llamarle, nos dan esos mensajes, esas señales, esas corazonadas; está en nosotros escucharlas o no.

 

Tal vez nos atrevemos a creerle o simplemente lo dejamos pasar… pero a veces, la diferencia está en que esos mensajes pueden salvarle la vida a un extraño que hoy es un gran amigo.

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BI HIGUERA VIAJERA

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