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Tomé  el primer vuelo de Manizales a Bogotá y desde el aeropuerto el Dorado partimos por tierra en camioneta a  una aventura  diferente,  un recorrido por el sur occidente de Colombia  por una vía no tan común, que aunque llena de historias fuertes, seria nuestra ruta definida para esta primera parte de travesía.

RUTA TUMACO

Salimos de Bogotá a las 11  am por  la autopista sur en la vía hacia Pitalito, Huila  donde seria nuestra primera estación del viaje. Un recorrido de 500.2 Kilómetros que se prestan para la velocidad y también para apreciar los diferentes paisajes pasando por montañas verdes, represas o  hasta por zonas desérticas como la Tatacoa, dejando ver a su paso las rocas y extrañas formaciones que lo hacen tan mágico. El descanso lo tomamos en el mirador del valle del Magdalena para el momento del atardecer, desde allí teníamos de  fondo una planicie, el rio extenso con los rayos del sol reflejados y el vértice que forman las cordilleras central y oriental; una escena hecha perfecta para 2 fotógrafos viajeros.

RIO MAGDALENA

Pitalito es reconocido por ser el mayor productor de café en Colombia y su ubicación es estratégica ya que desde allí se accede al Putumayo, Caquetá  y el Cauca; asi que nuestra segunda estación seria Pasto pero teníamos la opción de tomar la ruta  hasta Popayán, Cauca o de conocer Mocoa, Putumayo.

Aunque nuestro espíritu aventurero nos gritaba que tomáramos la vía Mocoa, nos sentíamos inseguros,  así que  decidimos  consultar con la policía el estado de la carretera y mientras nos dirigíamos a la salida del pueblo reafirmamos con algunos habitantes quienes nos respondían en tono burlesco: “ Esa  vía es linda, pero en esa camioneta pasan” – Pensé en ese momento que seria linda por los paisajes pero con el tono  que lo dijo, su sonrisa burlona y después sus gestos de que no será nada fácil me generó un poco de ansiedad.

La ventaja de viajar con alguien que tal vez es mas atrevido que yo en este tipo de planes, es que la aventura  y conocer es lo que prima al momento de tomar una decisión importante como esta; así que nos enrutamos hacia Mocoa, Putumayo. 132,7 Kilómetros  de subir y bajar empinadas montañas por una carretera angosta y destapada  aunque bien definida, cubierta de piedra, acompañada de  una  espesa neblina  y para hacerla mas “linda” como nos dijeron antes, riscos  al lado por los que ni  siquiera se veía donde estaba el fondo. Ahora imaginen que pensamos cuando nos encontramos camiones en la vía contraria esperando abrir paso?  Esta seria la ruta mas peligrosa que conozco de Colombia.

En el ascenso llegamos hasta el filo del hambre a 2300 msnm,  un punto plano y amplio con 3 casas donde es parada obligada, a respirar, tomarse un tinto hecho en leña, bien caliente para el frio  y así agradecer por estar aun vivos! Lo mas duro ya pasó.

Allí inicia el descenso y poco a poco la neblina va desapareciendo. De un momento a otro la selva espesa del Putumayo aparece, como si levantaran el telón del teatro  y ya solo vemos cascadas de agua pura a ambos lados, cruzamos riachuelos, nos adentramos por el paramo de Bordoncillo con frailejones a cada lado y  continuamos mas adelante con una vía llena de arboles y  más arboles a nuestro alrededor, helechos que por su altura diríamos tiene mas de  100 años, así que suspiro y siento que aun hay esperanza, aún tenemos pulmón y puede haber un mejor mañana.

Tomamos el riesgo a pesar de lo que conocíamos de la ruta, ese mismo riesgo nos llevó a enamorarnos de esta tierra que por primera vez en mi vida pisaba, nos llevó a enamorarnos aún mas de nuestra Colombia. (Continuará)