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Partimos desde ciudad de México rumbo a Teotihuacán. Aún era de noche y habíamos dormido poco, porque cuando viajo lo último que quiero hacer es dormir, no me quiero perder ningún detalle y solo quiero aprovechar cada segundo para llenarme de historias y aprender de otras culturas; más aún si se trata de México donde hay tanto color, sabores nuevos, aromas, cultura, arte… Tanto por descubrir.  Esta es la primera parte de un recorrido de 15 días por los pueblos mágicos de México y para lograr cumplir con mi objetivo, en este viaje dormí en promedio 3 horas diarias. Era tanta la emoción y las ganas de conocer que cada uno de mis sentidos y órganos estaban igual de despiertos.

Debía estar en el Globopuerto antes de las 5 am y estábamos a una distancia de 2 horas aproximadamente. Por fortuna las vías en México están en perfecto estado y son muy amplias, lo que da tranquilidad a la hora de conducir en la noche; además agregando buena música, buena compañía y cantar alto por la emoción del plan que venía en camino, componían la mezcla perfecta para no sentir sueño.

Una vez llegamos al globopuerto, todo estaba oscuro, no alcanzaba a ver mucho, pero se notaba que alrededor había una extensa planicie. Ingresamos a un salón donde nos hicieron una presentación sencilla sobre cómo sería el plan: 60 minutos de vuelo aproximado sobre las pirámides del sol y la luna, para ver el amanecer y al aterrizar haríamos un brindis de agradecimiento por el vuelo, para después pasar a un restaurante de cocina típica de la zona a desayunar y allí finalmente entregarnos el certificado de vuelo. Un plan muy completo.

Por fin nos dijeron estamos listos para la partida.  Al salir solo veía unas canastas y un tipo de tela colorida extendida sobre la tierra. Las canastas se veían pequeñas, pero a medida que me acercaba podía dimensionar su tamaño. Acostaron la canasta de un lado sobre la tierra y encendieron un ventilador de tal vez 1 metro de diámetro; levantaron una de las partes de la tela para que el aire pudiera entrar por la boca del globo, así que se fue llenando de aire poco a poco y empezaba a tomar forma; finalmente echaron aire caliente desde el mechero de la canasta, unas cuantas bocanadas de fuego y esta diferencia de temperatura es lo que hizo que el globo finalmente quedara en pie.  Es realmente impresionante su tamaño y como se eleva de un momento a otro. La canasta casi flotaba sobre la tierra árida y mientras tanto, yo parecía una niña chiquita; le daba vueltas y vueltas a la canasta corriendo y saltando de la emoción; no podía creer que era mi primera vez en globo aerostático y además viviría esta experiencia justo para ver el amanecer y encontrarme con las pirámides de la luna y el sol en Teotihuacán. Un sueño cumplido, era algo absolutamente mágico.

Ya empezaba a llegar la luz, así que ingresamos a la canasta; éramos 6 personas más el piloto. Aquí no hay cinturón de seguridad, ni nada que te sostenga; solo estas ahí, de pie dentro de la canasta que llegaba un poco más arriba de mi cintura. Empecé a ver que a mi alrededor ya se elevaban algunos globos, eran muchos y nuevamente las bocanadas de fuego, con su sonido intenso empezaron a aparecer y este globo a despedirse de la tierra para jugar en el cielo y llevarnos a donde el viento nos quisiera llevar.

Me quedé mirando hacia el oriente, el sol ya asomaba un poco, la espesa bruma estaba baja sobre unos cuantos árboles y la tierra que efectivamente era extensa y plana. Al fondo se alcanzaba a ver el contorno de unas cuantas montañas que contrastaban con el colorido del cielo y se empezaron a notar las construcciones de la antigua ciudad de Teotihuacán.

El vuelo era tan suave y el paisaje tan asombrante que olvidé por un momento que estaba a varios metros de altura. Solo podía sonreír y agradecer por estar viva y presenciar ese momento. El sol continuaba subiendo y nosotros también. La luz se fue desplegando por la tierra, los árboles, la aridez se hizo más evidente y ya el cielo estaba lleno de globos que se veían diminutos en la distancia.

Me giré hacia el otro lado de la canasta y me encontré con estas majestuosas construcciones; la calzada de los muertos que lleva a la pirámide del sol, una de las más grandes de mesoamérica con 63.4 mts de altura y la pirámide de la luna con 43 mts de altura.

Ambas son un portal de energía que continúa trayendo personas de todas partes del mundo. Se dice que al estar en la cima de la pirámide y ubicarse en el centro de la misma, si se pide un deseo, se cumplirá y además es el lugar ideal para recibir la energía cósmica y así mismo entregar al universo nuestra energía. Les puedo asegurar que la sensación al estar allí es algo indescriptible.

Soy tan afortunada que, al llegar a la cima de la pirámide del sol, estaban 2 abuelas indígenas haciendo sus ofrendas: La Abuela de Xochimilco y la abuela Muisca de Colombia, quienes me invitaron a unirme a su ofrenda. Nada es casualidad; ese día en ese momento debía estar ahí de pie para recibir y dar.

Teotihuacán le ha dado un nuevo amanecer a mi vida.

 

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