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¿Te imaginas un lugar en el que te sientas caminando por el universo entre estrellas y la vía láctea? ¿Te imaginas un lugar tan salido de la realidad donde no puedas diferenciar entre el cielo y la tierra porque se han hecho uno solo?  O ¿un lugar donde des un giro de  360 grados y todo sea completamente blanco a tu alrededor? Debo confesarles que este lugar casi tan imposible para nuestra lógica existe en este planeta tierra. Yo lo llamaría paraíso, pero es conocido como Salar de Uyuni. Un lugar que por muchos años llevaba planeando ir  a conocer y que por fin hoy esta historia está aquí en mi corazón para contarla.

Partimos a la 1 de la mañana hacia el salar que queda muy cerca de la población de Uyuni, Bolivia. Nos encontramos con la luna llena, completamente naranja, casi llegando a roja y empezaba a descender hasta la línea de horizonte que teníamos enfrente; parecía un atardecer en un mar de sal en la noche. Así fue el recibimiento, la introducción a lo que nos esperaba.

Fuimos avanzando en la noche sobre este desierto de sal. Finalmente nos detuvimos en un punto donde no había absolutamente nada a nuestro alrededor. Apagaron todas las luces de las camionetas y unos segundos después de estar inmersos en esa oscuridad, fue como si me hubiese quitado una venda de mis ojos y al abrirlos me encontré con un cielo que se prendió con millones de estrellas,  la vía láctea estaba ahí, inmensa y majestuosa; estrellas fugaces pasaban por un infinito a toda velocidad y alrededor un completo silencio. Me quedé detenida, con mi boca tan abierta como mi mirada que se quedó fija en la vía láctea; era nuestro primer encuentro.

No sabía qué hacer, ni qué pensar, me sentía tan pequeña, tan minúscula, una partícula de polvo en un infinito desierto, una gota de agua en un infinito océano, me sentí diminuta pero a la vez me sentí feliz de saber que esa partícula que soy hace parte de ese infinito universo. Sentí algo tan especial que no sé si llamarlo Dios, energía; pero lo que sea que fuese me mostró la grandeza de lo que hay fuera y de lo que nos perdemos por estar inmersos en la ciudad, en nuestro trabajo, en el día a día con su velocidad; estaba en un cruce de pensamientos que me tenían en un trance; mi mente por momentos se ponía en  blanco y por otros momentos pasaban miles de ideas tratando de sacar conclusiones y entender en donde estaba parada y el cómo es posible que esa magia exista.  

Por fin me moví, mire hacia el suelo que encontré con una textura craquelada y blanca, con una capa delgada de agua que hacia un espejo perfecto y en el que se reflejaba este universo de luz. Yo estaba suspendida en la vía láctea y el cielo y la tierra eran uno solo. Volví a quedar inmóvil.

 

20 almas viajeras disfrutando de un almuerzo en el paraíso. Foto: Juanito viajero

Minutos después mi reacción fue llorar; como un bebé cuando nace y se encuentra por primera vez con la luz. Me salían ríos de lágrimas y mis primeras palabras mirando ese infinito fueron gracias, gracias, gracias.

Este ha sido el único lugar que me ha hecho sentir lo que sentí esa noche; así que lo declaro mi lugar favorito en el  mundo.

Como si fuera poco, la luz  nos empezó a anunciar el amanecer. El sol iba subiendo, el color hacia su aparición con los arreboles  y el salar nos dejó ver sus detalles. El cielo se dividió en dos. En un lado estaba la noche estrellada y  al otro lado estaba la luz que se iba devorando esa oscuridad poco a poco y yo estaba ahí, en medio, siendo testigo de ese milagro tan grande que no puedo evitar volver a llorar de la emoción mientras se los describo. Tanto el día como la noche sorprenden, roban el aliento, conectan,  transportan, te hacen pensar que estoy haciendo con mi vida, que es lo que me estoy perdiendo.  Esta noche inolvidable no la pasé en un hotel 5 estrellas,  la pasé en el salar de Uyuni con millones, millones y millones de estrellas.

 

La luz del amanecer se va devorando la noche y sus estrellas

Los atardeceres no son menos sorprendentes. Esta vez nos tocó gris,  nublado y acompañado de la magia de la neblina que se fundía con el blanco del salar. Era estar en medio de la nada, como en un sueño surrealista,  una película de ficción. En la noche estaba caminando por el universo y ahora estaba flotando entre las nubes.

La lluvia no se hizo esperar así que nos hizo resguardarnos en los carros; hasta que reaccionamos: Somos viajeros, somos aventureros,  estamos aquí y solo hoy tenemos esta oportunidad, esta lluvia es un regalo del universo y salimos uno a uno corriendo por el salar como niños chiquitos, gritando de felicidad,  mojándonos y saltando un charco de 11.000 kms2 de extensión.  Hoy celebro que ese día tomé la decisión de bajarme del carro en ese frío intenso y mojarme bajo la lluvia.  Hoy celebro por este maravilloso lugar en el que vivimos, este planeta tierra sorprendente  y de diseños perfectos. Hoy celebro con cada uno  de los que vivieron esta aventura conmigo y contigo por leer estas palabras. Hoy celebro porque la realidad supera la ficción.

La vida es un suspiro y como alguien escribió: “Dicen las estrellas que los fugaces somos nosotros”.

 

Textura del Salar de Uyuni en una tarde gris

Datos de interés: Toma el tour + fotografía profesional con Uyuni salt pic.

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