Bienvenidos a India: Desaprender para aprender.

Parte I

El color se vive día a día en este país

Viajar no es solo conocer los lugares históricos, lo que está de moda, tomarse la típica foto o hacer un tour corriendo, sin darse el placer de tomarse el tiempo para disfrutar lo que se está conociendo. Así que después del primer viaje a India, sentí que me hacía falta conocer más de esta cultura milenaria y  tan diferente a la mía. Empaqué maletas, compré tiquetes y me fui sola por segunda vez, estando segura de lo que quería: Adentrarme en su cultura, ir profundo, al detalle, vivir la vida común, sin prisa, aprovechando cada segundo con quien me pudiera enseñar y también yo enseñarles de mi mundo. Me vestí de saree, me lo puse consiente y de paso me quité las etiquetas mentales que traía puestas para dar cabida a nuevas costumbres.¡Era desaprender para aprender!

Me vestí de Saree y me convertí en una habitante más de este alucinante país

Me compré un diccionario viajero en inglés – hindi con las frases que más podría usar, y así intentando comunicarme día a día, aprendí a comprar mi taza de café oscuro sin azúcar hablando en hindi y a decir ciertas frases, aunque no entendiera que me respondían después; observaba con detenimiento a las personas en la calle y así adopté el movimiento de su cuerpo y cabeza al hablar; día a día, le fui encontrando el  verdadero sentido a la palabra namasté y a pronunciarla mientras ponía mis manos abiertas y unidas sobre mi pecho, haciendo una leve inclinación de respeto por quien saludaba.

Aprendí a despertar todos mis sentidos y  a dejarlos atentos para absorberlo todo, porque ese todo era tan diferente y nuevo para mi que no quería que se me escapara nada. Aprendí a disfrutar el comer con la mano, sin guantes, sin cubiertos, sin etiqueta pero si saboreando y a recibir el primer bocado de la mano de quien invitaba a la cena porque así me hacia  parte de su familia, así que también aprendí a cocinar la comida típica para ellos y que siempre al despertar, lo primero que debía hacer era compartir el  tea chai caliente, todos reunidos, para iniciar el día juntos. 

Aprendí a ser totalmente vegana durante todo el viaje y a olvidarme de cómo me alimentaba en Colombia, porque aquí la vida es sagrada; a escuchar sobre sus diversos dioses con asombro mientras caminaba descalza por los pisos de los alucinantes templos y entender que mi verdad fue aprendida y es solo mía  y que la verdad de otros es tan válida como la mía.

En las calles se encuentran templos pequeños dedidcaods a sus dioses

Unos días después ya era una India más entre los 1.339 miles de millones de habitantes en este país. Quienes no me conocían me hablaban en Hindi y cuando les respondía: Yo no hablo Hindi, soy de Colombia, no me creían y algunos ni siquiera sabían donde quedaba Colombia: ¿Qué es eso? ¿Dónde queda?  Me decían y al mirarme insistían en que yo era de India.

En parte esto era cierto, ya era de India; porque viajar te cambia, te alimenta, te nutre. India cambió el sentido de mis viajes, India me movió el mundo, India me enseñó que las fronteras son mentales, India me dio grandes amigos para enriquecer mi camino, India me hizo regresar con una nueva y mejor versión de mí.

Recorrido en elefante por castillos, fuertes y templos

Bienvenidos a India, este es solo el inicio. Namasté.

@Bihigueraviajera

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