Isla Gorgona: No estamos solos

Salimos en la mañana desde el poblado de Isla Gorgona y tomamos una lancha hasta llegar a Playa blanca, la neblina se estaba paseando por todo el bosque e iba saliendo de los árboles mientras nosotros nos alejábamos de la playa.

Gorra para el sol, camisa manga larga, pantalón para evitar picaduras y unas buenas botas pantaneras eran nuestra “pinta glamurosa” para atravesar la isla de un extremo al otro.

Seguimos un camino pantanoso, así que a poner cuidado donde se pisa, no salirse de la ruta porque las serpientes acechan esos lugares que no están demarcados y no olviden, importante no tocar nada; esos eran los consejos que nos daba el guía mientras nos contaba las historias sobre la isla y los  usos y beneficios de las plantas  que nos cruzamos en el camino.

Así anduvimos unos 40 minutos, hasta que de un momento a otro empezamos a escuchar el mar y su sonido cada vez se hacía más fuerte a medida que nos íbamos acercando. Empezamos a notar que entre el verde del bosque, se abría paso un azul, hasta que el mar fue el protagonista de nuestra mirada: llegamos a playa palmeras!!!

Playa Palmeras

Enfrente está isla Gorgonilla, con su forma de ballena que hace honor a lo que estábamos viviendo en el momento, la llegada de las ballenas jorobadas, pero este lugar no sólo es hogar de estos gigantes migratorios, también llegan las tortugas marinas a poner sus huevos. Es por esto que Gorgona cuenta con un programa de voluntariado incentivando su protección.

Isla Gorgonilla

En las noches, las tortugas llegan a la playa a dejar sus huevos, hasta 150 cada una; una vez que la tortuga regresa al mar, los voluntarios mueven la arena, destapan y sacan los huevos uno a uno con mucho cuidado y las ubican en un lugar seguro de la misma forma que la tortuga los dejó. ¡Esto tiene su ciencia! Pensé.

Allí están día y noche, cuidándolos para que nada les pase. Una vez nacen estas pequeñas criaturas, las escoltan por su camino al mar, mientras ellas con sus paticas van memorizando la arena y la playa que ya es su hogar, como dibujando un mapa del tesoro que usarán más adelante, ya que regresaran algún día a poner sus propios huevos.  Acaban de nacer y ya son sabias, esto es impresionante. Solas, avanzan seguras a las corrientes marinas.

Tortugario, Isla Gorgona

Desafortunadamente para ellas, tienen muchos depredadores en este trayecto: Aves, reptiles y cuando ingresan al mar tienen infinidad de animales que están prestos a saborearlas.

¿Sabían que de 10.000, si, 10.000 tortugas que nacen, sólo 8 en promedio alcanzan a llegar a la edad adulta?

Está bien, algunos dirán que esa es la cadena alimenticia, pero no solo es por la cantidad de animales que están acechando, también tenemos deuda nosotros, los humanos deshumanizados, que con nuestra inconsciencia, con nuestro mal uso de las basuras y de todo lo que lanzamos a las aguas a diario, estamos aportando a esta escalofriante cifra.

El plástico es el mayor problema, ellas se alimentan de medusas  y ¿qué creen? ¿cómo ven una bolsa flotando en el mar?, como un delicioso platillo que termina siendo el causante de su muerte por ahogo.

Como si fuera poco, está también la pesca de arrastre y como su nombre lo dice los pescadores arrastran y se llevan todo lo que hay a su paso con sus mallas, incluidas las tortugas quienes deben salir a respirar cada cierto tiempo y en estas mallas quedan atrapadas así que mueren ahogadas.

Me sentí impotente y culpable a la vez al escuchar a los voluntarios, quienes al final de su charla decían: “Si quieren apoyarnos, ayúdenos en el recorrido de la playa recogiendo basura… Y no es de los visitantes de la isla, aclaró, es lo que nos trae la marea a diario”.

¿Pero qué clase de seres somos nosotros? No pude contener el llanto mientras llenaba una estopa con plástico, botellas, tapas, empaques de icopor, bombillos, bolsas… que ignorancia la nuestra. Hoy mientras escribo y recuerdo con detalle, tampoco puedo contener el llanto.

Es hora de actuar, de promover un turismo consciente y especialmente en las zonas costeras, donde las mismas personas que VIVEN del mar, son quienes creen que si el mar se lleva la basura no pasa nada y que el alimento que sacan a diario de estas aguas nunca se va acabar.

Entonces quienes visitamos estas zonas, evitemos dejarles el problema y así como me enseñaron en Gorgona, hoy les cuento a ustedes: Transportemos nuestra propia basura cuando vayamos a la costa, esa misma que llevamos en el viaje de ida, que regrese con nosotros para darle además un buen uso.

Tal vez no pueda cambiar el mundo, pero por lo menos que por donde yo pase queden sólo mis huellas en la arena, en la tierra y en los corazones de quienes encuentro en mi camino y no huellas de basura.

Ya de regreso sentí un pequeño alivio por el grano de arena que aportamos con estas acciones y por lo aprendido. Ese mismo alivio siento hoy al desahogarme, como que me saco una bolsa plástica de mi garganta, y aunque sólo 1 persona lea esta historia, ya es 1 más que genera conciencia; 1 + 1 hasta que algún día seamos 1 todo, porque no somos los únicos en este planeta, porque NO ESTAMOS SOLOS!

Gracias por sumarte.

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