Pensilvania, el camino es hacia adentro

Esta es la tierra que me vio nacer, la tierra en la que escogí  dar mis primeros pasos, esta misma tierra  que me impregnó de su aroma a hierba húmeda, que me dio lágrimas de alegría con el rocío de la mañana, le dio color a mi mirada y me enseñó  el amor por la naturaleza y el ecoturismo.

Panorámica de Pensilvania

Un pueblo donde viví  la infancia entre risas y libertad, jugando con los niños y niñas de la cuadra, bate, tarro botao, tin tin corre corre y cuanta travesura se nos ocurría, era siempre sinónimo de diversión. Así se vive en los pueblos de nuestro país.

Los niños de ese entonces nos dimos el lujo de ser realmente niños, de vivir esa aventura única sin prisa,  de jugar, correr, nadar en un rio cristalino, pasarnos de huerta en huerta, sembrar semillas y verlas convertirse frente a nuestros ojos en árboles frutales, para después compartir esas frutas con los amigos.

La plaza principal de Pensilvania también fue nuestro parque de diversiones, el atrio era  el punto de reunión para las salidas en la alborada y la  araucaria  que estaba en la plaza era el árbol más grande que habíamos visto y que aunque hoy ya no esté, siempre que pienso en mi pueblo me lleva a ese árbol de melenas largas y grises, me lleva a mis raíces.

Plaza principal (Foto tomada de google para referencia)

La escuela no solo era para estudiar ciencias y arte, allí nos enseñaron el verdadero valor de la amistad, lo que hace que hoy aun me abrace con quienes crecieron a mi lado.  El recreo no era un descanso porque siempre estábamos disfrutando y en esos minutos en el patio sacábamos a relucir nuestras habilidades  comerciales para la venta de minisigüí y así recoger monedas de 1 peso para comprar helados o dulces en la confitería. 

Las vacaciones eran al otro lado del charco, pero no había que tomar un vuelo para llegar, solo caminar unos cuantos minutos entre verdes paisajes, carretera destapada y cruzar el rio Pensilvania, el más cristalino de nuestra historia. El plan era acampar en el bosque, bajo las estrellas y al lado de una fogata, despertar en la madrugada, bañarnos en el agua helada que bajaba de la montaña gota a gota y se convertía en cascadas y  en un  rio de retos y juegos.

El almuerzo se hacía en el paseo de olla, en el que todos cooperábamos según la especialidad: pelar papas, moler maíz, hacer tirados, desgranar, prender el carbón, lo que fuera según la edad, pero cada bocado de comida tenia sabor a familia unida.

Los saludos no eran por chats grupales, eran caminando hasta las fincas, visitas presenciales, no virtuales,  mientras tomábamos la postrera de la vaca de al lado, el agua de panela del trapiche de algún conocido o el jugo de las frutas frescas  de la huerta, sentados en una silla que seguro talló algún ebanista del pueblo, con madera  de la que hizo que Pensilvania celebrara las fiestas del hacha.

Trapiche para la producción de panela

Los retos eran subir a la cima de Piamonte sin parar, pasar por Morrón o por el cementerio que tiene forma de ataúd sin asustarse por todas las leyendas de estos lugares, viajar a las veredas en el capacete de las escaleras o chivas, cada agosto desde los tanques, volar la cometa más alto que el año anterior, caminar sin tropezar por la espesa neblina de las calles del pueblo, no dejarse alcanzar de Vigilancia, acercarse a Chepe el de la chocolatera, escucharle las historias a Clarita y mi preferido el que nos ponía mi mamá: “Vamos a llegar caminando hasta esa casa que está allá  al fondo”; mientras nos señalaba una montaña lejana. Esos retos hacen que hoy tome el mapamundi en mis manos y  me rete a llegar a donde quiera, sin un límite, sin prejuicios.

Escalera que viaja a los diferentes corregimientos de Pensilvania

Aprendí a escribir y mi primer escrito formal fue un poema que se llamó: A ti Pensilvania. Porque el amor por esta tierra ya viene en el chip, en la sangre y donde quiera que se está, seguirá recorriendo las venas hasta llegar al corazón, así como se recorren las curvadas carreteras para llegar hasta donde uno creería termina el oriente de Caldas,  porque el camino es hacia adentro, porque Pensilvania es una madre hecha pueblo y su vientre siempre verde, solo da buenas cosechas. 

Por fortuna estas aventuras no son solo una  historia, aún puedes vivirlas, así que ahora el reto es tuyo. No te quedes sin  conocer Pensilvania.

Datos importantes:

  • Hospedaje en el bosque – Confamiliares
  • Plan turístico: recorrido de la panela, recorrido de la madera
  • Celebraciones: Fiestas del hacha y exposiciones equinas
  • Encuentre planes de  ecoturismo en los corregimientos de Pensilvania

12 comentarios en “Pensilvania, el camino es hacia adentro

  1. Delma Azucena Arias Velez 15 febrero, 2019 — 2:03 pm

    Excelente. Pensilvania lo mejor. Te quedaste corta en palabras. Es bellísima.

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  2. MARIA NUBIA TRUJILLO HOYOS 16 febrero, 2019 — 12:09 am

    Como no tener el corazón pegado a nuestra tierra, Pensilvania, nuestro paraíso. Y que decir de su gente, coterraneos donde nos encontramos nos abrazamos como hermanos y nos emocionamos por igual. Te amo terruño de mi alma. Gracias a todos los que trabajan por Pensilvania

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  3. Clara esneda toro hurtado 16 febrero, 2019 — 4:19 am

    Que hermoso a si es mi pensilvania,tiempos aquellos donde no sabiamos de tristezas todo era juego y alegria y amistad sincera.

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  4. Pensilvania tierra querida te llevo en mi corazón, y como olvidar nuestro terruño si allí nacimos y vivimos lo mejor de nuestras vidas. Donde quiera que estes. Y si por las cosas de la vida vives fuera del país, ese sentimiento por nuestra tierra y raíces se hace mucho más grande. Que buena publicación. Feñicidades.

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  5. Todo lo dicho es cierto y creo que te quedaste corta
    Excelente

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  6. Jaime correa aristizabal 17 febrero, 2019 — 3:36 am

    Si yo no hubiera nacido en el lugar en que nací estuviera arrepentido de no haber nacido allí
    PENSILVANIA TE ADORO

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  7. GERARDO GALLO H. 17 febrero, 2019 — 1:50 pm

    Todo está dicho en comentarios anteriores; cuando visitó el pueblo todos los recuerdos vienen a mi memoria, GRANDE PENSILVANIA, gracias a quienes hacen tanto por mantener la hermandad, la belleza y la alegria.
    Felicidad para todos

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  8. Muy buena descripcion, Bibi

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  9. COMO NO AMARTE MI PENSILVANIA
    como no amarte si allí fui tan feliz si aún me ata a esa tierra mi familia el recuerdo de mis abuelos y maestros que me enseñaron a amarte desde niña que me enseñaron que ser persona vale más que tener títulos y dinero y que jamás dedeshonrre mi patria choca GRASIAS PENSILVANIA TE AMO

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  10. Patricia Giraldo Botero 6 mayo, 2019 — 8:41 pm

    Hermoso,esas tal vez son las palabras más claras para expresar todo lo que sentimos por ese terruño tan añorado… Gracias por expresar el sentir de todos los pensilvenses

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    1. Gracias a ti por leerlo y por tus palabras!

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